La contaminación de ríos y arroyos por contaminantes químicos se ha convertido en uno de los problemas ambientales más graves del siglo XX. La contaminación química de los ríos y arroyos se divide en dos grandes grupos: contaminación puntual y no puntual. La primera procede de fuentes identificables, como fábricas, refinerías o desagües de aguas residuales. La no puntual es aquella cuyo origen no puede identificarse con precisión, como las escorrentías de la agricultura o la minería o las filtraciones de fosas sépticas o depuradoras. Cada año mueren unos 10 millones de personas en el mundo por beber agua contaminada.
La contaminación por petróleo es un grave problema, que amenaza, de manera especial a la fauna costera. El petróleo se extiende rápidamente formando mareas negras letales. Manifestantes con animales de plástico cubiertos de petróleo se oponen a la perforación de pozos en Cayo Largo, Florida (EEUU). Se produzcan vertidos o no, el impacto sobre el frágil ecosistema de los arrecifes coralinos podría ser devastador. El ruido, el calor y el movimiento también son formas de contaminación que alteran los ciclos vitales.
Los trabajadores emplean redes especiales para limpiar una playa tras un vertido de un petrolero. Los vertidos representan un grave problema, ya que una vez producidos, es casi imposible eliminarlos o contenerlos por completo. Dado que el agua y el petróleo no se mezclan, éste flota sobre el agua y acaba contaminando las costas. El intento de tratar químicamente o hundir el crudo puede alterar aún más los ecosistemas marinos y costeros.
lunes, 23 de noviembre de 2009
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